Despiertas desorientado. Miras a tu alrededor. Por algún motivo no recuerdas nada, pero sí sabes que el traje que llevas es un Kliffor B152, por lo que es resistente a la radiación. Curioso, sobre todo porque no reconoces el lugar en el que te encuentras.
¡Mierda! ¿Dónde estoy? ¿Qué es lo último que recuerdo?
Piensa, Nas… piensa.
Recuerdo mi nombre, el lugar donde me crié, el apestoso perro de los vecinos, que aun conociéndome de sobra me ladraba como si la vida le fuera en ello día tras día, la tarta de moka de mi tía… pero, por alguna maldita razón, no recuerdo nada reciente.
Me incorporo para ver horrorizado cómo el caos me rodea. Casas maltrechas, restos orgánicos… como si un agujero negro hubiera absorbido cincuenta kilómetros a la redonda y los hubiera escupido un instante después.
Desolador.
Voy armado. Una 9 milímetros me adorna la pierna derecha y noto una navaja en el tobillo izquierdo.
Escucho sonidos lejanos, quizá de varios kilómetros. Eso solo puede significar que mi oído interno ha sido mecanizado. Hace años que la utilización de tejido electrónico vivo está prohibida. Entonces… ¿cómo ha llegado a mi oído? Y, lo más importante, ¿quién lo ha puesto ahí?
Una voz susurra.
—Fuiste tú, Lazon… Todo esto es culpa tuya…
Un dolor insoportable atraviesa mi cabeza.
No son recuerdos.
Son fragmentos.
Palabras.
Voces.
Como si alguien hubiera roto un libro en mil pedazos y ahora mi mente intentara leerlos todos al mismo tiempo.
—Transferencia iniciada…
Silencio.
—La integridad del soporte es correcta…
Otra vez oscuridad.
—No puede caer en sus manos…
¿En manos de quién?
Intento aferrarme a aquella voz, pero desaparece igual que llegó.
Otra distinta ocupa su lugar.
Más serena.
Más cansada.
—El conocimiento no debe destruirse… debe sobrevivir.
La frase retumba una y otra vez.
No la entiendo.
No sé quién la pronuncia.
No sé por qué siento que debería recordarla.
De pronto todo cesa.
El silencio vuelve a apoderarse de mi cabeza.
Solo queda una última palabra.
Una palabra que jamás había oído y que, aun así, me resulta extrañamente familiar.
Franja Oscura.
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