Los olvidados

—Cas, ¿crees que nosotros fuimos los primeros?
—¿En qué sentido?
—En pensar, en construir, en intentar entender el mundo.

Cas guardó silencio un momento antes de responder.
—No lo sé. A veces pienso que el tiempo es demasiado viejo para que algo haya ocurrido solo una vez.

—Eso me asusta —dijo Yutni—. Imaginar que ya existieron otros, distintos, con sus propias ciudades, sus sueños, su ciencia… y que todo se borró.
—Si fue así, no dejaron rastro —replicó Cas—. La Tierra es buena olvidando.

—Pero algo debería quedar —insistió Yutni—. Piedras talladas, metales, ruinas.
—En unos pocos millones de años, incluso las montañas se deshacen. Imagina cientos. Todo se disuelve, se mezcla, se transforma.

—Entonces podrían haber existido muchas civilizaciones —dijo Yutni—, y nunca lo sabríamos.
—Exacto. Cada una creyéndose la primera. Cada una construyendo sobre las cenizas invisibles de la anterior.

—Quizá la vida sea así —murmuró Yutni—: una sucesión de olvidos, un experimento repetido hasta que nadie recuerda el principio.
—Y tal vez ni siquiera haya principio —respondió Cas—. Solo ciclos. Materia que se organiza, aprende, se destruye, y vuelve a intentarlo.

—¿Y si nuestra historia es solo una repetición más?
—Probablemente lo sea —dijo Cas—. Pero no lo sabremos. El olvido siempre llega antes que la evidencia.

Hubo una pausa.
—¿Crees que algún día nosotros también desapareceremos sin dejar huella?
—Sí. Y dentro de un tiempo que no podemos imaginar, otros nacerán. Buscarán respuestas y se harán las mismas preguntas.

—Y pensarán que son los primeros.
—Como siempre —asintió Cas—. Cada mente nueva comienza creyendo que el universo la esperaba.

—Entonces nadie es realmente el origen.
—Ni el final —añadió Cas—. Solo formas distintas del mismo intento.

Yutni permaneció callado.
—¿Y si, de algún modo, todo eso ya está grabado en la materia? —preguntó finalmente—. No como huellas visibles, sino como una resonancia, un eco.
—Quizá lo esté —respondió Cas—. Pero no para ser recordado, sino para repetirse.

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