—Cas… ¿alguna vez te has preguntado cuánto tardaría la vida en volver a pensar, si los humanos desaparecieran?
—¿Volver a pensar? —repitió Cas—. ¿Te refieres a desarrollar conciencia, lenguaje, esas cosas?
—Sí. A volver a preguntarse por su origen.
Cas se acomodó mirando hacia el cielo.
—Depende de cómo acabase todo —dijo al fin—. Si su extinción fue lenta, quizás dejaron algo. Si fue súbita, el fuego lo habría borrado todo. Pero la Tierra tiene paciencia. Podrían pasar diez, veinte, treinta millones de años, y algo nuevo volvería a mirar las estrellas.
—Treinta millones… —murmuró Yutni—. Ni siquiera puedo imaginar ese número.
—Ni falta que hace —replicó Cas—. Para el planeta, el tiempo no es una cuenta regresiva. Es un pulso. Todo lo que nace, muere, y vuelve a nacer.
—¿Y crees que los nuevos serían como ellos?
Cas negó con la cabeza.
—No. La evolución nunca repite los mismos errores. Serían distintos. Tal vez más adaptables, menos obsesionados con el control. Quizá criaturas que no necesiten dominar para entender.
—O tal vez —dijo Yutni con cierta melancolía— algo completamente ajeno a nosotros. Algo que ni siquiera reconoceríamos como pensamiento.
Cas sonrió.
—Podría ser. Una inteligencia vegetal, o líquida, o extendida entre hongos y raíces. Una mente que no tenga un cuerpo, sino un bosque entero.
—O una colonia de pequeños organismos que compartan memoria.
—O máquinas que aprendieron a soñar después de que su creador desapareciera.
El silencio los envolvió durante un instante largo. A lo lejos, el viento soplaba entre las torres erosionadas del antiguo puerto.
—¿Crees que encontrarían restos de aquella civilización? —preguntó Yutni.
—Difícilmente. El hierro se oxida, el hormigón se disuelve, el plástico se fragmenta. En unos pocos millones de años, la Tierra lo traga todo. Tal vez, si tienen suerte, hallarán un fósil con forma de rueda, o una línea de minerales dispuestos con un orden que no es natural. Y entonces pensarán: alguien estuvo aquí.
—¿Y si no quedara nada?
Cas guardó silencio unos segundos, antes de responder con voz baja.
—Entonces pensarían que son los primeros. Que el universo empieza con ellos. Como hicieron los humanos.
Yutni bajó la mirada.
—Supongo que así debe ser. Cada especie cree que es el comienzo.
Sé el primero en comentar