El otro día aprovechando que iba a estar por Bilbao unas horas solo y desamparado, aproveché para visitar el Museo de Bellas Artes. Soy de esas personas afortunadas que disfruta con cualquier tipo de exposición. Cualquier obra me transmite e inspira y siempre saco algo positivo de la visita. Actualmente, el Museo se encuentra en remodelación y la zona de exposición es reducida, sin embargo, la entrada es gratuita hasta que finalicen las obras.
En la planta baja hay un mix de obras de diferentes autores y en la primera planta se encuentra una pequeña exposición de Baselitz titulada «Pinturas 2014-2025. Algo en todo«.
Accedí a la primera planta por las escaleras, accediendo a la sala por unas obras abstractas. A mi me encanta lo abstracto por lo que no pude empezar de mejor manera. Una de las obras que más me llamó la atención fue la que muestro en la parte inferior. No lo puedo explicar pero empecé a ver cosas por todos lados, perros, una medusa, la letra e (o el número), un ratón. El caso es que más tarde la usé como juego con mis hijas para ver que veían ellas y el resultado fue muy gracioso. Tan gracioso que unos días más tarde en otra visita a Bilbao las llevé a verlo en persona y nos partimos de risa otra vez.

La continuación de la visita te lleva a las primeras obras invertidas. Estas obras llaman poderosamente la atención y, sin querer, mi cabeza volvió a jugar con ellas. Saqué fotos y empecé a girarlas para ver cómo se verían si no estuvieran invertidas y os puedo asegurar que algunas me resultaron sobrecogedoras y otras incluso graciosas. En ese juego me pregunté qué le parecería a Baselitz que girásemos sus obras y llegué a la conclusión de que, probablemente, no le molestaría en absoluto. Al hacerlo, la figura recupera protagonismo, se vuelve más literal, pero también más torpe o grotesca. Según lo que he leído, Baselitz ha dicho en varias ocasiones que no le interesa el motivo, sino la estructura, y al girar las obras entendí mejor que la figura manda demasiado y el cuadro queda en segundo plano. En su posición original no te cuentan nada y te hacen fijarte en cómo se sostiene la pintura.
Jugando a girar las obras con mis hijas, las pregunté que sentían ellas y curiosamente, en las obras originales no supieron expresar nada concreto, pero al girarlas siempre tenían algo que decir.
En esta los tres coincidimos y nos partimos de risa.

En esta una de ellas dijo que le daba miedo y la otra que le parecía un extraterrestre.

En la tercera una dijo miedo y otra no supo que decir.

Esta les pareció graciosa y más que un sentimiento lo que les generó son muchas preguntas del estilo ¿por qué lleva gafas un águila?, ¿y medias?. El uso de medias y telas les llamó mucho la atención durante toda la visita.

Tras esta obra, pasas por una habitación con poca luz donde la mayoría de las obras son abstractas y finaliza la exposición justo donde hemos empezado. Al bajar las escaleras me di cuenta que las personas que subían en ascensor accedían a la sala más hacia el centro y se topaban con dos obras, pudiendo empezar a ver la exposición en sentido horario o antihorario. En sentido antihorario es exactamente como lo hice yo, empezando por lo abstracto, obras invertidas y sala de baja iluminación. En sentido horario empezarías casi seguro por la sala poco iluminada y me surgió la duda de si empezar de una forma u otra condicionaría el resultado. Me estuve fijando y no encontré claramente una señalización de donde comienza la exposición ni en que orden, pero creo que esta exposición en concreto se disfruta más en sentido antihorario empezando por lo abstracto, continuando con la incomodidad que generan las obras invertidas y reposando finalmente en la sala oscura.
Al finalizar las hice la típica pregunta de ¿os ha gustado? y ambas respondieron que sí, aunque no me convencieron mucho. Pensé que me dijeron que sí debido a que habíamos estado jugando y buscando una forma divertida de ver las obras. Así que insistí un poco más y una de ellas comentó que le parecían muy simples, que ella podía dibujar esas personas casi sin esfuerzo. Esto generó un interesante debate ya que algún adulto también coincidía con ellas. Este debate es típico en exposiciones de arte contemporáneo ya que este tipo de obras parecen simples, pero no lo son.
A primera vista parece que no hay gran dificultad en dibujar una figura deformada o unas piernas mal proporcionadas, y probablemente cualquiera podría intentarlo. El problema no está ahí. El problema viene cuando tienes que dibujar sobre un lienzo enorme, donde los errores se aprecian con mayor facilidad. Además, el uso del color, que puede parecer sucio, descuidado o random (como les gusta decir a mis hijas), está mucho más pensado de lo que parece. Trabajar con pocos colores, apagados y sin buscar que sean bonitos, tiene su truco. A mí de da la sensación de que todo esto se realiza a base de ensayo, error y decisiones constantes sobre cuándo seguir y cuándo parar. Esto no es Photoshop, no hay borrador posible, no hay vuelta atrás limpia. Todo queda ahí, conviviendo con lo que ya estaba, y eso exige mucha experiencia y mucho control, aunque el resultado no lo aparente. También, algo que me parece muy difícil es la capacidad de repetir este tipo de obras una y otra vez sin que se vuelva automático y parezca una copia de una copia. Si nos fijamos en la trayectoria de Baselitz, lleva décadas trabajando con las mismas figuras y gestos, y aun así parece que consigue seguir atrayendo al público. Mantener una carrera así con tan pocos recursos es, probablemente, lo que hace que algo que parece simple en realidad no lo sea en absoluto.

Podéis disfrutar de todas estas obras y más en el Museo Bellas Artes de Bilbao hasta el 1 de Marzo de 2026.
Dejo una pequeña muestra de lo visto en la exposición.


















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