Un hombre se encontraba mirando fijamente a un árbol. Estaba atónito, absorto por su belleza, como si quisiera arrancarle unas palabras que nunca llegarían. En un momento dado y sin previo aviso, el hombre comenzó a andar hacia el tronco hasta que posó su mano sobre él. Sin que el hombre se percatara, una pequeña araña se había asustado de su repentina maniobra picándole en su dedo anular, el hombre apartó la mano de forma repentina y cayó de espaldas sobre las hojas muertas. El viento agitaba violentamente las ramas deshojadas cuando el hombre exclamó: “¿por qué?”, pero ni siquiera en aquellas circunstancias, ni siquiera cuando se acercaba el último estertor, consiguió una palabra del árbol. Fue un tercero quien intercedió entre ambos, el viento que pasaba por allí dijo: “intenté avisarte, pero no me hiciste caso”, el hombre mirando fijamente a las ramas, expiró.
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